Sign In

Boquete y las tierras altas chiricanas: un viaje entre el pasado y el presente

Boquete y las tierras altas chiricanas: un viaje entre el pasado y el presente

Cuando era niña, mi mamá tenía una tradición que nos llenaba de alegría: visitar Boquete durante la Feria de las Flores y el Café. Aún guardo en mi memoria las caminatas desde la Pensión Marilos hasta los terrenos de la feria, y las paradas obligadas para comer en el emblemático Hotel Panamonte. Era una experiencia que marcaba el calendario familiar, un momento especial para admirar la belleza natural de este lugar.

Hoy, al comparar aquellos recuerdos con el presente, noto cómo Boquete ha cambiado. Aunque conserva su encanto natural, su majestuosa flora y su clima singular, el auge de su popularidad ha transformado el entorno. Los microclimas que alguna vez fueron el secreto mejor guardado de Panamá han atraído a una creciente comunidad de expatriados. Este fenómeno ha impulsado el desarrollo urbano y comercial, pero también ha generado dinámicas económicas y sociales complejas.

La última vez que visité Boquete fue en enero de 2015, y desde entonces los cambios son evidentes. Nuevos establecimientos, como la cadena de supermercados El Rey con una sección de El Corte Inglés, destacan entre las novedades. También han surgido urbanizaciones repletas de residentes extranjeros, mientras que los habitantes originarios parecen haber quedado relegados al papel de observadores. La fuerza laboral local se concentra en su mayoría en actividades agrícolas, especialmente en los cafetales, donde hombres y mujeres de la comunidad Ngäbe-Buglé desempeñan un papel crucial, así como en la industria hotelera que prospera en la región.

En esta ocasión, mi estadía de dos días en la Finca Lérida fue el punto culminante de mi viaje. Este lugar, reconocido por la producción del renombrado café Geisha, está rodeado por un paisaje mágico y una rica historia. La finca, originalmente propiedad del ingeniero noruego Tolef Moneche, quien trabajó en la construcción del Canal de Panamá, es un testimonio vivo de visión y dedicación. Desde 1911, Moneche y su esposa iniciaron una tradición cafetalera que hoy se mantiene viva y floreciente.

El primer día, un bajareque constante me dio la bienvenida, bañándome con su frescura durante dos horas. Lejos de ser un obstáculo, este fenómeno se convirtió en el telón de fondo perfecto para una fascinante gira por la finca, donde aprendí sobre el proceso de producción del café. Gabriel, nuestro guía, compartió su conocimiento con una pasión contagiosa. En una sala especial, tuve la oportunidad de catar tres modalidades de café, y mi paladar se inclinó por la modalidad natural. Cada sorbo fue un recordatorio del esfuerzo y la tradición detrás de cada grano.

Mi estadía en una acogedora suite junior, con paredes de madera y una cálida chimenea, fue un refugio perfecto. Las delicias culinarias del restaurante de la finca, acompañadas por la hospitalidad excepcional de los meseros, completaron la experiencia.

El traslado desde el centro de Boquete hasta la finca requiere transporte terrestre. Mi llegada de madrugada estuvo marcada por un encuentro memorable: la voz de un taxista con marcado acento chiricano me despertó suavemente cuando ofreció sus servicios. Su amabilidad y buena disposición lo convirtieron en mi guía de confianza durante toda mi estadía.

Viajar sola puede parecer arriesgado para algunas personas, pero desde diciembre de 2024 he explorado destinos como La Palma, Portobelo y ahora Boquete, y cada experiencia ha sido gratificante. Este viaje no fue la excepción. Conocí a turistas extraordinarios, como Caridad, de ascendencia cubana, y Ce, un veterano militar con recuerdos de Panamá, así como a Elizabeth, una puertorriqueña con fuertes lazos con el país, y su pareja Mike, cuyo rostro me recordó al cantante venezolano Oscar D’León.

Mi travesía también me llevó a Cerro Punta, Bambito y Volcán, lugares que complementaron la riqueza de este recorrido. A punto de culminar mi aventura, me llevo lecciones valiosas: la importancia de apreciar cada instante, el ímpetu que se respira en cada rincón de Chiriquí, y la confianza en que las cosas en la vida fluyen cuando nos atrevemos a ser valientes.

Boquete sigue siendo un lugar donde la naturaleza, la historia y la hospitalidad convergen, invitándonos a regresar una y otra vez.

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *